Un año difícil ¿Y el que viene?

No se puede negar que el 2012 ha sido un año muy duro en lo que respecta a la búsqueda de empleo. Las estadísticas del paro han ido creciendo y creciendo, en no pocas ocasiones alimentadas por trabajadores de las diferentes administraciones públicas que veían como se ponía fin a sus contratos. Tal vez sea cierto que necesitamos austeridad y reorganizar las mastodónticas administraciones que tenemos en estos momentos, no lo discuto pero tampoco podemos perder de vista otros fenómenos negativos que se están produciendo. Se está perdiendo un importante talento en las administraciones a costa de trabajadores interinos o con contrato de obra que, independientemente de su eficacia probada, son relegados en favor de otros cuyo único mérito ha sido el optar a una promoción interna en condiciones más ventajosas. Además, la irrisoria oferta de empleo público para el año 2013 repercutirá en la calidad de algunos servicios, esto es evidente, algo que no podrá ser paliado por la movilidad que tan sólo conlleva cubrir un servicio dejando otro descubierto.

En definitiva, la tan prometida a bombo y platillo reforma de las Administraciones Públicas se ha diluido en un año como las burbujas de una gaseosa destapada. Tal vez estemos perdiendo una “oportunidad de oro” de reformar en profundidad una Administración lenta y anquilosada, en la que se desarrolle de una vez la evaluación por el desempeño, recogida en el Estatuto del Empleado Público, y no la promoción por la mera antigüedad o el reparto de la productividad de manera generalizada, con independencia del trabajo real de cada persona. Ni que decir tiene que los puestos de confianza y de alta dirección, aquellos que son elegidos a dedo y en atención a los méritos de seguir los dictados del político de turno; esos puestos son los que menos han notado la crisis y sus retribuciones gozan de un excelente estado de salud.

 

Por todos estos motivos soy pesimista. Dicen que un pesimista no es más que un optimista bien informado. Quiero no obstante pensar que el año que viene tengamos motivos para albergar un poquito de esperanza. Me despido ya este año deseando a todas las personas que no tienen trabajo o que lo han perdido hace poco, a las que me uniré en breve, un año 2013 cargado de esperanza y mucha fuerza, que son las mejores armas en estos momentos.

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